[todo lo que tengo se lo he pedido prestado a mi imaginación]


06 mayo 2008

des-espera

Miré el reloj.
Ya me había contado las baldosas. Las chiquitas y las grandes. Y contando eso, había sacado las medidas. Y la superficie. Sabía cuánto salía ese cuarto de dos y medio por cuatro porque, también, sabía el precio del metro cuadrado en ese barrio.
Ya había leído la agenda y me había recordado a mi misma las cosas que tenía que hacer mañana, pasado y la semana que viene. Y de lo que no me tenía que acordar, también ya me lo había acordado.
Me repasé las revistas de la mesita que tenía al lado y le ví la casa nueva a muchos famosos. Las tetas nuevas a más de una y las parejas de la farándula que se habían peleado (que por lo viejo de algunas revistas ya se podrían haber amigado).
Miré el reloj por vez número diez. Y sólo diez minutos habían pasado.
Cuatro cuadros de Van Gaugh. Preciosos, me encanta Vincent. Pero ya los había mirado como cinco veces a cada uno, y los marquitos dorados también.
Conté y había cinco sillas por hilera y tres hileras de cada lado del cuarto. Treinta personas podíamos estar al mismo tiempo mirando el reloj, moviendo el pie, mirandonos las uñas, acomodandonos el pelo, todos al mismo tiempo. Mientras pasaban tres minutos más.
La ventana era de casa antigua, pero las paredes de verde musgo daban estilo modernoso. Dos carteles de cada lado. Ya los había leído pero los releía esperando que se abriera alguna de las dos puertas. Porque bien no sabía de que lado me tenían que llamar.
Tengo puchos, tengo chicles, todos estos boletos son para tirar, la tarjeta del subte, dos de crédito, la del trabajo, la foto de la nena. Dos aspirinas, una gomita de pelo, un brochecito, una estampita por cincuenta centavos, una miniatura de perfume y el cepillo de dientes. Una carta vieja que quién sabe para qué la quiero!? y una postal de un bar.
Miré el reloj. Habían pasado dos minutos más.
Hice la lista del super, repasé, no me tengo que olvidar del vinagre. Ni del jabón en polvo.
Miré el reloj. Nada. Dos minutos más. La eternidad.
Saqué el sobre.
Teniendolo en la mano quizás se apuren.
Entró la de enfrente. Salió un tipo, entró el de al lado.
Miré el reloj. Tres minutos miserables. Qué castigo.
Me canté a mi misma: Drive my car.
Saqué el celular seis veces. Una borré los mensajes de texto, otra miré las fotos, un par más miré la hora.... como si en el cosito ese fuese distinto y pasara más rápido!
Miré el reloj. En punto. Ahora me toca.
Abrí el sobre, leí todo dos veces. Tengo todo en orden, pensé.
¡Si tengo todo en orden, para qué carajos espero! también eso pensé.
Me llegó un mensaje...lo primero que miré fue la hora.
Cinco minutos habían pasado. Ahora estaba en condiciones de quejarme.
-Perdón, le falta mucho para llamarme?
Me habían mandado a sentar sin demasiada certeza. MASOMENOS era un término inapropiado.
Me soné los dedos. Uno por uno.
Llegando al anular se abrió la puerta.
-Srta. Parra? Srta Parra?!
Mierda, me tocaba pasar a mi.

No hay comentarios: