[todo lo que tengo se lo he pedido prestado a mi imaginación]


29 julio 2013

Crímenes ferpectos


Con mi hastío la estoy matando, lo sé. 
Será agravado por el vínculo cuando la encuentren sin ganas de más nada y el corazón, al medio, abierto. O en defensa propia, si decide ir a dónde ya no pueda seguirla y olvidar que alguna vez me quiso.

La asfixio. Cuando no me voy a ningún lado y tampoco me quedo con ella. No estoy ni en sus manos o sus ojos, no estoy en sus caderas, arriba o abajo de su piel. No me quedo a respirarla y beberla. No me voy, estoy acá, y nada ni nadie me alcanzan. Ella respira cada vez más agitada, camina lento o rápido, llora y a veces se desnuda. No me alcanza y ella se asfixia.
Es que está tan linda cuando envejece de tristeza por el amor que siente no le corresponde. Cree que no le correspondo, siente eso y yo se lo dejo sentir porque me encantan sus arrugas de dolor. Me padece y la amo más.

Entonces me quedó acá sentado, en mi sillón de la distancia, viendo como no me alcanza, sufre; se asfixia. 

27 julio 2013

En carne viva. Sin abrigos, ni ropas. Sin piel.
Sangre, músculos, tendones. Huesos, órganos. Carne, a vivo, como gajos de pomelo perdiendo jugo por doquier.
Ya no hay excusas, así soy yo. Me ves? 

09 julio 2013

Ya fue

(reforma de un Ya fue de abril 2009)

Ya nos conocimos, nos amamos furiosos.
Ya nos vinimos grandes pero, antes, fuimos joviales y fogosos.
Ya hicimos las paces. Ya elegimos casa, la armamos, la desarmamos.
Ya planeamos.
Ya tuvimos descendencia.
Ya nos rompimos el alma. Y yo escapé en brazos de otro a gritar que con vos ya no quería más nada.
Ya fui y vine muchas veces.
Ya nos casamos, nos divorciamos, nos juntamos, nos enamoramos, nos entristecimos.
Ya nos escondimos y bebimos en bares perdidos. Ya entramos a hoteles por separado y salimos juntos de la mano.
Ya nos sacamos fotos, ya nos sacamos las ganas.
Ya fuimos una familia, fuimos amigos y enemigos.
Ya fuimos compañeros y dejamos de acompañarnos.
Ya te escribí en todos los papeles a mi alcance que te extrañaba.
Ya te superé. Ya me volví a enamorar y ya se me volvió a pasar.
Ya te puse en todas las canciones, te encontré en los libros viejos, en las esquinas frías.
Ya me hice amiga de tu ex. Me pelee y me volví a amigar.
Yo ya empeoré.
Ya me emborraché, vomité por nosotros todo lo dolida que estaba.
Ya dejé de fumar pero, también, ya volví.
Te dije que sí quiero y que nunca más. Por vos dejé el trabajo, el barrio, el delirio.
Ya te leí a oscuras, te lloré en silencio. Ya me ilusioné con tus mentiras.
Yo ya me imaginé con y sin tus latidos.
Entonces, se me revuelve el pasado y se entremezclan las palabras de amor y también las de olvido.
Las canciones se vuelven en mi contra.
Me confundo... y ya no sé ni a quién le escribo.

27 junio 2013

[inversamente proporcional]²

Cuanto mejor me vaya sin vos; más crezca, más avance...
Cuanto menos te "necesite" y más te "extrañe"... Más confirmaré que lo que siento trasciende toda lógica.

02 junio 2013


Es madrugada y puedo ver tu piel. Veo un hombro, en ángulo y a contraluz, de piel fría y perfecta como un mármol.
Veo ese recorte de algo que aún es mío y suspiro. Aunque no escuches, susurro que te extraño y dormito.
Es madrugada, veinte minutos después, y tu hombro sigue ahí. Es, hace años, tu piel la más irresistible de mis tentaciones. Más que nada, lo difícil es no tocarte. Ver tu piel, de madrugada, es soñar con roces y jadeos. Ver y oler tu cuerpo es acordarse con calor de todo eso que, durante el día y ocupados, no se extraña.

Es madrugada, amaneciendo, y la luz se va volviendo día. El hombro, lleno de pecas y lunares, es mío. Igual que el día, la mano que te toca y la boca que, junto al hombro y el oído, susurra que te extraño y acá estoy.

27 mayo 2013

Del amor y otras inequívocas e inexplicables contradicciones


Me lastimás, sabés?
Me herís a diario…
Siento cómo me sangra en pecho, la tibieza de mi propio ser escurriéndose por allí donde hace un rato me acuchillaste con frases filosas e indiferentes miradas de reojo.
Vos me herís y yo escucho de fondo una canción de amor.
El dolor que me causas tiene, aunque vos no lo entiendas aún, un lazo estrecho con el amor que me supiste dar. No me dolería lo que me duele si no fuese que, años atrás, vos hiciste cicatrices de malos recuerdos y ladrillos para un hogar con retazos de lo que quedaba en mi cabeza.
Vos, que pensás seguido en defenderte; vos, que creés que yo pueda acaso dejar de sentir dolor y relacionarlo con amarte; vos, que no vas a arrepentirte nunca de no querer aprender. Vos, me raspás. Y, a mi, me queda en carne viva el alma.
Es que mi sangre también es tuya ahora. Por eso siento, cuando me herís, que se desangran tus ideas y proyectos. Y, cuando tus sueños se desangran, laten más fuertes mis dolores.
Me estás matando, amor. Quizás hasta lo hayas logrado ya. 

Y, yo, de fondo, escucho una hermosa canción de amor.

26 mayo 2013

Cuándo


Cuando, quizás, deje ver
lo que ya nadie me mire;
cuando no haya más piel
que no sangre, que respire...
Cuando, tal vez, me desvista
y sea cuerpo y carne de otro;
cuando me deje comer
sin temor a los destrozos...
Cuando, seguro, me duela;
porque, ya sé, dolerá...
Cuando no importe, no quepa;
cuando no halle, no entienda,
no escuche, no vea, no calme...
Cuando no vuelvas, no cedas.
Cuando ya nadie me mire,
y me desnude otra vez,
[y me vean].
Sabrás al fin que morí
allí donde ya no me sientas

03 mayo 2013

breve la carta


no hay mucho que decir
no queda nada
lo que yo mas temía
ahora nos pasa
no somos fuego
siquiera brasas
el frío de tus manos
silencios sin miradas
antítesis de todo
pocas palabras
duelen los recuerdos
duelen las pausas
pesares en los ojos
sangre en las palmas
no habrá ya mas errores
ni esperanzas
el frío del invierno
y nuestra casa
vacíos los placares
ancha la cama
largo el olvido...

16 abril 2013

Juegos

Luces

Luces rojas y frenadas. Intermitencias. Giros inesperados.
Anochece más temprano y balizas. Nuit, tristesse.
Una autopista sin salidas. Velocidad que inevitablemente implicará accidentes y muertes.
Luces de carteles. Luces amarillas. Luces, sombras; luces rojas y frenadas. Estallido.

Sonidos

Sirenas, gritos. Llanto. Mórbidos ronquidos.
Llueve entorpeciendo la madrugada trágica.
Un camino húmedo. Trampa. Consecuencias obvias y obviedades; derrape.
Estruendos. Silencios y frenadas. Sangre.

29 marzo 2013


El otoño nos trae hojas secas que se caen de los libros, amarillentas y crujientes.
Caminás arrastrando los pies; el piso de cemento está húmedo y mohoso. Ya no me mirás cuando hablás y, entonces, me cuesta entender qué decís cuando decís. Me hablabas? Me estabas mirando cuando yo me secaba las lágrimas? Parecía que me mirabas...
A veces creo que te reís cuando yo no estoy. Que, si yo no te veo, vos sos feliz.
El otoño nos trae un cierto abrigo, un respiro, un suspiro y un dolor. Vos, que ya no sos vos hace rato, y yo, que ya no sé quién soy ni para qué he venido, nunca nos dimos la mano para caminar ni nos besamos antes de dormir. 
Disculpame, hacia dónde estamos yendo? Quisiera poder preguntarte pero yo ya no te hablo cuando te miro y, quizás, me cuesta comprender. Sospecho que no hay rumbo; es que ya no hay plan. 
Que ahora sea lo que deba ser... 

13 marzo 2013

la herida




"nunca fue tan breve una despedida
nunca me creí que fuera definitiva
nunca desprecié una causa perdida
nunca negaré que son mis favoritas"


Flor de Loto - Héroes del Silencio





Me falta el aliento.


Veo pasar delante de mis ojos fotografías de mi vida. Creo que me voy a desmayar. Estoy perdiendo el conocimiento? O lo estoy recobrando?
Morí?
Siento ganas de vomitar y se me aflojan las piernas.


Las imágenes no cesan. En todas estás vos.
Veo cosas que no puedo decirte, cosas que al intentar digerir me quiebran la voz y, mientras intento desatar el nudo que me estrangula la garganta, lágrimas ruedan por mis mejillas. 
Más recuerdos. Todo un freezer lleno de criogenizados sentimientos comienza a derretirse.


Pronosticaron tormenta y pesadillas intermitentes para esta noche. 
Quizás quieras decir algo antes de que se largue...

01 febrero 2013

plumas secas


De un árbol cae una rama y, sobre la rama, un nido y un pichón. 
El pajarito chilla y salta; abre con torpeza las alas y no consigue aún volar. Grita, volando en círculos, mamá pájara y amenaza con picotearme la cabeza.
Busco un trapo para agarrar al pájaro y no dejarle mi olor. Lo acomodo sobre el nido y a éste sobre una rama nueva.
Mamá pájara revolotea en círculos, gritando más que antes, pero no se acerca al bebé. Los dejo en paz pues en un rato todo será como deba ser.

Me olvido de las aves y sueño con mariposas. Amanece; me hago mate. 
Salgo descalza a sentarme bajo la sombra del limonero y, al sentarme, recuerdo al pichón. Lo veo, quieto, sobre su nido y de su mamá ni noticias.

Al mediodía, desde la ventana y mientras preparo el almuerzo, veo al pichón caído y chillando dar dos saltos. Veo a Lara, cachorra muerde pichones, hincarle los colmillos. Mamá pájara grita mientras vuela pero no atina siquiera a acercarse.
El bebé queda, sin vida, sobre el pasto pues así quieto ya no tiene ningún sentido para mi perra, que vuelve a la sombra del limonero a dormir.
Mamá, 20 minutos después, baja hacia su pichón con una lombriz en el pico y lo mira. Sale volando y vuelve a bajar. Deja la lombriz y vuela. Baja otra vez.

Yo, cierro la ventana y no entiendo. Ni siquiera quiero volverlo a pensar.

21 enero 2013

pa de pagés


faig carícies de mantega i mel
ploro meves penes en una sopa
llanço meus fúries amb el pebre
i torno a la vida per amor al pa



Ingredientes
Harina 500grs
Agua 300grs
Levadura 10grs
Sal 10grs
Manteca 50grs

Preparación
Disolver la levadura en el agua y mezclar la sal junto a la harina. Incorporar el líquido a los secos y amasar, luego agregar la manteca o grasa que debe estar blanda como pomada hasta obtener una masa lisa y elástica. Dejar descansar 10' tapada y luego dar forma de bola. Cernir harina por la superficie para evitar que se seque la masa y dejar en lugar cálido hasta duplicar su volumen. Greñar haciendo tres cortes y hornear durante, aproximadamente, 25' a temperatura moderada.

09 enero 2013

Reconstrucciones

Yo tenía unas manos. Unas manos de dedos raros y uñas pequeñas, ásperas y vacías. Yo, en esas manos, sostenía dolores y miedos y fantasmas y pastillas. En aquellas manos, envejecidas, había callos de tanta tierra y tanta amargura sostenida.

Tenía ojos oscuros; los tengo todavía. Ojos abiertos, cansados; enmarcados en pestañas postizas. Y con mis ojos, hinchados de tanto llanto y tanta trasnoche agria, miraba pasar la vida ajena y no encontraba la mía.

Yo tenía un vientre y, de ese vientre, una hija. Pequeña, inteligente, bellísima. Y con mi hija pequeña, desoladas, esperábamos formar una familia.

Llegaste vos, con tus perras y todas tus mochilas. Con tu pasado, tu historia, y algunas pesadillas. Y juntos a vos, y tus perras, elegí vivir mi vida.

Yo tenía manos, vacías. Y ojos oscuros, hinchados. Y una hija. Y con tus cosas, y las mías, le dimos sentido a los días.

06 enero 2013

whatever...

no es lo que somos
ni en qué nos convertimos

no es lo que queda
ni es eso que perdimos

no es cómo estamos 
ni lo que nos dijimos

no es la manera
ni es éste el motivo

no es tu ausencia
ni tu salto al olvido

ni son las mañanas
vacías de todo
ni son esas noches
hundida en el lodo
ni son los reproches
ni son los enojos
ni son las sospechas
el amor o el odio

no es que no sea yo
ni que seas vos, yo digo...

[que:]

no es sólo el pasado
es lo que fuimos

29 diciembre 2012

Eco hacia el olvido

En el reflejo no es una sino dos. No es ella ya; son otras. A qué habrán venido?
Hay un miedo, profundo y constante, que carcome su paciencia. Y en aquella proyección se ve, duplicado, en sus miradas. Bienvenido.

Quién guiará sus pasos ahora que se han quedado ciegas? Quién las reunirá en un mismo y único cuerpo cuando en los reflejos comiencen a multiplicarse hasta ser sólo partículas de lo que hayan sido? Habrá un 'mañana' si al subir el sol se apaga lo que hoy muestra ese espejo? Quedarán vacías las palabras que ayer él susurrara suave junto a su oído? De qué sabor serán los besos que les regale, besando el vidrio? Si la ventana se cerrara, ya no entrarían nunca más al nido? Será la noche? Será la lluvia? Sería, acaso, el vino?
Se marcha la paciencia tal como ha venido.

En sus miradas, sólo quedará el olvido. Y en ese miedo oscuro, un pétalo de muerte cae y resbala hacia el delirio. Se rompe en mil pedazos, se hace trizas y ni siquiera se escucha un quejido. La noche no es tan larga, lo dicen ellas y ya se asoma el sol aunque aún no haya amanecido.

Se vuelve una. Se callan las preguntas. Volverá mañana pues hoy no ha sido.

10 noviembre 2012

viceversa

Me gusta Buenos Aires. La extraño.
En noches como hoy, Buenos Aires me da un respiro. Me alberga. Sus veredas me abrazan y camino, como quien se levanta de madrugada al baño sin encender la luz, en penumbras y con la vista nublada. No me choco con nada, con nadie. No hace falta recordar el camino, el camino me recuerda a mi.
Buenos Aires me esquiva, si hace falta. No me mira, no me toca. Su aire es libre. Acá todos respiran; acá, puedo asfixiarme en soledad. Un asfalto recalentado sube por mis piernas y me acaricia mientras aprieta mi cuello.
Buenos Aires no me ignora; no me calla Buenos Aires. Y me observa, el obelisco, si estoy triste y quiero contarle algo mientras lagrimeo.
Buenos Aires me da luces para los días oscuros. No hay sombras, si no quiero, acá. Aunque hay veces en que, la distancia que le puse a mi ciudad se hace eterna y temo de umbrales y cartones. Me pongo paranoica y sufro de fobias. Y los semáforos son más rojos, o más verdes. Y entonces, Buenos Aires, me estimula.
Extraño Buenos Aires; inconscientemente vuelvo a tropezar sobre las mismas baldosas. Me gusta.
Buenos Aires no mezquina un vaso, no me corre el vino. Buenos Aires no me prohibe depresiones, o melancolías.
Buenos Aires me acompaña si hace falta. Me espera.
Buenos Aires no se va. No se queda. No se cansa nunca de mi.

04 noviembre 2012

Lágrimas negras

Se pasa la mano por el brazo, bajando desde el hombro y volviendo a subir al llegar al codo, suave, acariciando sus miles de lunares. Me habla, a la vez que se acaricia con dos dedos el brazo, con labios colorados de boca carnosa y carmín. Dice que no y que no. Cada tanto dice que , reafirmando que no.
Cuando su mano frena muy de vez en cuando sobre su hombro, aprieta y amasa su piel y la otra mano despeja la frente en un gesto acalorado. Apoya el mentón y completa así la idea del cansancio. Y me mira. Sin nada de vergüenza me mira a los ojos y cuando se queda pensativa, baja la vista y veo unas infinitas pestañas intensamente negras que brillan en las puntas.
No está casualmente hermosa. Esto estuvo, evidentemente, premeditado. Ese pelo que se retuerce detrás de las orejas, las cejas enmarcando párpados felinos en tonos café, uñas prolijas que hacen juego con el bretel que se trasluce. Me encandila.
Habla, con su aliento a gaseosa de limón y, aunque insiste en negarse, ha comenzado a sonarse los nudillos y todos los no salen de una boca que ya no veo. Una boca que deja rastros, restos, de manteca de cacao sobre la mano y ella, al darse cuenta, exagera el gesto y esa boca se estira de costado en un sugestivo y sensual cuadro por cuadro. Su boca, mantecosa, y su mano se dan un beso apasionado mientras dice que no.
Estamos enfrentados en una mesa rectangular. Entonces estira las manos hacia mi, sin el propósito de acercarlas sino para estirarse y eleva las palmas, arquea las muñecas y muestra las venas al cielo. Da un aplauso veloz que finaliza ese gesto y, sin mirarme, el dedo índice estirado y en cámara lenta se arrastra por la cara interna del antebrazo. Dibuja una línea con ese dedo, sobre su blancura, y se le va poniendo la piel de gallina mientras susurra: - bueno, no sé...
Quedo pasmado. Ese dedo, esa piel, esa puerta que acaba de entreabrirse, me generan un cosquilleo raro en el paladar. Como ganas de besarla; algo parecido a querer oler a limón como su lengua.
Vuelve a mirarme, pero ahora es brevísimo ese gesto, y se cruza de brazos. Agacha la cabeza y la descansa sobre la mesa, entre sus brazos recién cruzados. Su cabello retorcido, los bucles, las ondas, el perfume al shampoo, se desparraman tan cerca mío que siento demasiada saliva en la boca, trago y toso. Ella suspira y yo no aguanto más. No reprimo.
Me acerco y le beso el pelo cerca de una oreja y la escucho mientras respiro toda su respiración.
Quiero correrle el pelo de la mejilla, pues se apoya de costado,  para besarle un pómulo y mi boca se revela y beso cabello y pómulo y siento el sabor de una lágrima y rimel, y los secretos, desnudos, de su padecer. 

11 octubre 2012

Delicatessen

Recuerdo ventanas chicas, a contraluz. El cielo, gris brillante, iluminando el living. Y yo, en el centro de esa penumbra, tranquila, relajada. Libre de temores.
Me recuerdo sacando las manos por la ventana y sintiendo gotas de lluvia fría caerme sobre las palmas calientes. Las rodillas hundidas sobre el colchón, y el elástico de la cama clavándose en ellas.
Abrí muchas veces la puerta de ese departamento. El ruido de las llaves, la fuerza exacta que había que aplicar para abrirla; el olor en el palier, los ascensores. Las escaleras. El penúltimo escalón donde muchas tardes esperé sentada.

Mi memoria, que no falla sino cuando le conviene, sabe traerme el ruido [intacto] de la tapa del horno y el lavarropas semi-automático al batir. O el sonido de la ducha abierta junto al olor de las sábanas en el sillón de mimbre. Trae una tele de ocho botones, un placard casi desconocido para mi. Esa pared en la que me apoyé sólo una vez, una mañana, y después me fui a trabajar. Hay, además, música y películas entre mis recuerdos. Generalmente tardes, noches y madrugadas. Y amaneceres apurados.


Mis pantalones de corderoy batik. Unas tarjetas de fichero garabateadas en marcador. Un block chico de hojas blancas que, por algún lado estará, dice que yo sé todo esto que, sí, sé. O supe.
Un cajón de una mesa de luz que no recuerdo, un pañuelo atado a un anillo. Una chacana verde, el ouroboros. Un swetter picante, verde militar. Mis zapatos de gamuza azul...

Tenía 18 años. Qué temor podría acaso recordar? Qué clase de miedo habría de tener? Amar era un misterio. Todo estaba para ser descubierto. La continuidad, la incertidumbre pacífica dando lugar a la certeza. La cama tibia, dos llaves para un mismo hogar. La proyección de dos viejos mirando el mar, repetida en voz alta como promesa. Una rutina. Todo lo que me tocó aprender. El liso, llano, denso y nebuloso después. 
Y, después, volver a amar. 
El resto es ya otra historia. Que aunque cambie, o se repita, el gris brillante no iluminará jamás a un mismo living. Ni contemplaré yo ninguna otra penumbra con tanta ingenuidad.

24 septiembre 2012

sin salida

... me fui quedando dormida
mientras pensaba en matarte
quizás soñé que reías
y no escuché cuando llegaste...

Rola en la cama, enredada en sábanas que no combinan entre sí, y los resortes del colchón murmuran quejidos. Refunfuña.

abandoname sin prisa
y con pausas cansame
... qué más esperaría,
si aún algo yo esperase?

Cerca del amanecer resigna la idea de descansar y, harta del ladrido lejano de perros-lobo, camina descalza sobre el pasto húmedo. La noche fue tibia; mañana será un cielo azul, se ve.