[todo lo que tengo se lo he pedido prestado a mi imaginación]


29 diciembre 2012

Eco hacia el olvido

En el reflejo no es una sino dos. No es ella ya; son otras. A qué habrán venido?
Hay un miedo, profundo y constante, que carcome su paciencia. Y en aquella proyección se ve, duplicado, en sus miradas. Bienvenido.

Quién guiará sus pasos ahora que se han quedado ciegas? Quién las reunirá en un mismo y único cuerpo cuando en los reflejos comiencen a multiplicarse hasta ser sólo partículas de lo que hayan sido? Habrá un 'mañana' si al subir el sol se apaga lo que hoy muestra ese espejo? Quedarán vacías las palabras que ayer él susurrara suave junto a su oído? De qué sabor serán los besos que les regale, besando el vidrio? Si la ventana se cerrara, ya no entrarían nunca más al nido? Será la noche? Será la lluvia? Sería, acaso, el vino?
Se marcha la paciencia tal como ha venido.

En sus miradas, sólo quedará el olvido. Y en ese miedo oscuro, un pétalo de muerte cae y resbala hacia el delirio. Se rompe en mil pedazos, se hace trizas y ni siquiera se escucha un quejido. La noche no es tan larga, lo dicen ellas y ya se asoma el sol aunque aún no haya amanecido.

Se vuelve una. Se callan las preguntas. Volverá mañana pues hoy no ha sido.

10 noviembre 2012

viceversa

Me gusta Buenos Aires. La extraño.
En noches como hoy, Buenos Aires me da un respiro. Me alberga. Sus veredas me abrazan y camino, como quien se levanta de madrugada al baño sin encender la luz, en penumbras y con la vista nublada. No me choco con nada, con nadie. No hace falta recordar el camino, el camino me recuerda a mi.
Buenos Aires me esquiva, si hace falta. No me mira, no me toca. Su aire es libre. Acá todos respiran; acá, puedo asfixiarme en soledad. Un asfalto recalentado sube por mis piernas y me acaricia mientras aprieta mi cuello.
Buenos Aires no me ignora; no me calla Buenos Aires. Y me observa, el obelisco, si estoy triste y quiero contarle algo mientras lagrimeo.
Buenos Aires me da luces para los días oscuros. No hay sombras, si no quiero, acá. Aunque hay veces en que, la distancia que le puse a mi ciudad se hace eterna y temo de umbrales y cartones. Me pongo paranoica y sufro de fobias. Y los semáforos son más rojos, o más verdes. Y entonces, Buenos Aires, me estimula.
Extraño Buenos Aires; inconscientemente vuelvo a tropezar sobre las mismas baldosas. Me gusta.
Buenos Aires no mezquina un vaso, no me corre el vino. Buenos Aires no me prohibe depresiones, o melancolías.
Buenos Aires me acompaña si hace falta. Me espera.
Buenos Aires no se va. No se queda. No se cansa nunca de mi.

04 noviembre 2012

Lágrimas negras

Se pasa la mano por el brazo, bajando desde el hombro y volviendo a subir al llegar al codo, suave, acariciando sus miles de lunares. Me habla, a la vez que se acaricia con dos dedos el brazo, con labios colorados de boca carnosa y carmín. Dice que no y que no. Cada tanto dice que , reafirmando que no.
Cuando su mano frena muy de vez en cuando sobre su hombro, aprieta y amasa su piel y la otra mano despeja la frente en un gesto acalorado. Apoya el mentón y completa así la idea del cansancio. Y me mira. Sin nada de vergüenza me mira a los ojos y cuando se queda pensativa, baja la vista y veo unas infinitas pestañas intensamente negras que brillan en las puntas.
No está casualmente hermosa. Esto estuvo, evidentemente, premeditado. Ese pelo que se retuerce detrás de las orejas, las cejas enmarcando párpados felinos en tonos café, uñas prolijas que hacen juego con el bretel que se trasluce. Me encandila.
Habla, con su aliento a gaseosa de limón y, aunque insiste en negarse, ha comenzado a sonarse los nudillos y todos los no salen de una boca que ya no veo. Una boca que deja rastros, restos, de manteca de cacao sobre la mano y ella, al darse cuenta, exagera el gesto y esa boca se estira de costado en un sugestivo y sensual cuadro por cuadro. Su boca, mantecosa, y su mano se dan un beso apasionado mientras dice que no.
Estamos enfrentados en una mesa rectangular. Entonces estira las manos hacia mi, sin el propósito de acercarlas sino para estirarse y eleva las palmas, arquea las muñecas y muestra las venas al cielo. Da un aplauso veloz que finaliza ese gesto y, sin mirarme, el dedo índice estirado y en cámara lenta se arrastra por la cara interna del antebrazo. Dibuja una línea con ese dedo, sobre su blancura, y se le va poniendo la piel de gallina mientras susurra: - bueno, no sé...
Quedo pasmado. Ese dedo, esa piel, esa puerta que acaba de entreabrirse, me generan un cosquilleo raro en el paladar. Como ganas de besarla; algo parecido a querer oler a limón como su lengua.
Vuelve a mirarme, pero ahora es brevísimo ese gesto, y se cruza de brazos. Agacha la cabeza y la descansa sobre la mesa, entre sus brazos recién cruzados. Su cabello retorcido, los bucles, las ondas, el perfume al shampoo, se desparraman tan cerca mío que siento demasiada saliva en la boca, trago y toso. Ella suspira y yo no aguanto más. No reprimo.
Me acerco y le beso el pelo cerca de una oreja y la escucho mientras respiro toda su respiración.
Quiero correrle el pelo de la mejilla, pues se apoya de costado,  para besarle un pómulo y mi boca se revela y beso cabello y pómulo y siento el sabor de una lágrima y rimel, y los secretos, desnudos, de su padecer. 

11 octubre 2012

Delicatessen

Recuerdo ventanas chicas, a contraluz. El cielo, gris brillante, iluminando el living. Y yo, en el centro de esa penumbra, tranquila, relajada. Libre de temores.
Me recuerdo sacando las manos por la ventana y sintiendo gotas de lluvia fría caerme sobre las palmas calientes. Las rodillas hundidas sobre el colchón, y el elástico de la cama clavándose en ellas.
Abrí muchas veces la puerta de ese departamento. El ruido de las llaves, la fuerza exacta que había que aplicar para abrirla; el olor en el palier, los ascensores. Las escaleras. El penúltimo escalón donde muchas tardes esperé sentada.

Mi memoria, que no falla sino cuando le conviene, sabe traerme el ruido [intacto] de la tapa del horno y el lavarropas semi-automático al batir. O el sonido de la ducha abierta junto al olor de las sábanas en el sillón de mimbre. Trae una tele de ocho botones, un placard casi desconocido para mi. Esa pared en la que me apoyé sólo una vez, una mañana, y después me fui a trabajar. Hay, además, música y películas entre mis recuerdos. Generalmente tardes, noches y madrugadas. Y amaneceres apurados.


Mis pantalones de corderoy batik. Unas tarjetas de fichero garabateadas en marcador. Un block chico de hojas blancas que, por algún lado estará, dice que yo sé todo esto que, sí, sé. O supe.
Un cajón de una mesa de luz que no recuerdo, un pañuelo atado a un anillo. Una chacana verde, el ouroboros. Un swetter picante, verde militar. Mis zapatos de gamuza azul...

Tenía 18 años. Qué temor podría acaso recordar? Qué clase de miedo habría de tener? Amar era un misterio. Todo estaba para ser descubierto. La continuidad, la incertidumbre pacífica dando lugar a la certeza. La cama tibia, dos llaves para un mismo hogar. La proyección de dos viejos mirando el mar, repetida en voz alta como promesa. Una rutina. Todo lo que me tocó aprender. El liso, llano, denso y nebuloso después. 
Y, después, volver a amar. 
El resto es ya otra historia. Que aunque cambie, o se repita, el gris brillante no iluminará jamás a un mismo living. Ni contemplaré yo ninguna otra penumbra con tanta ingenuidad.

24 septiembre 2012

sin salida

... me fui quedando dormida
mientras pensaba en matarte
quizás soñé que reías
y no escuché cuando llegaste...

Rola en la cama, enredada en sábanas que no combinan entre sí, y los resortes del colchón murmuran quejidos. Refunfuña.

abandoname sin prisa
y con pausas cansame
... qué más esperaría,
si aún algo yo esperase?

Cerca del amanecer resigna la idea de descansar y, harta del ladrido lejano de perros-lobo, camina descalza sobre el pasto húmedo. La noche fue tibia; mañana será un cielo azul, se ve.


12 junio 2012

adobo

Piedras. Pasos. Platos. Pistas. Peces. Putrefacción. Promesas. Pisadas. Poses. Pasión...

Lo sé, estás cansado y hambriento y sólo queda en la heladera un cacharro lleno de sopa de verdudas. Y tenés frío, helado el pecho; quizás quieras tomar un té de almendras y silencio.
Si se te pierden algunas certezas, podés buscarlas en mi taza de batatas en almíbar...

11 abril 2012

No sabe, no contesta

No sé. Mejor dicho, sé. No quería que te quedaras...
Si bien me hubiese encantado escucharte decir que me amás, que vos no te querés separar, que te duele; no quería que la charla terminara en una reconciliación pedorra de esas de siempre, que muchas veces hasta incluyen el sexo que nos estamos debiendo y una densa vuelta a lo de siempre. Una madrugada templada y la mañana siguiente más fría del año. No. Para eso andate, sabés?
No quería que pusieras cara de nada tampoco y que afirmaras varias veces que vos no querés seguir conmigo. 

Entendí, ahora que me quedé sola, que cada vez que decías si llegamos, finalmente, a decidir separarnos estabas queriéndome decir que no estás seguro. No, yo tampoco. No quería que te fueras. No quería quedarme sola, sentada escribiendo las cosas que estoy escribiendo sólo para no ir hasta la cocina a tomarme sin prisa y sin pausa alguna, si no todas, las botellas que muestran desafiantes sus mitades vacías. No. Te tenías que quedar, entendés?
No sé, qué sé yo!
Quizás así sea lo mejor. Vos te vas y yo aprendo a vivir otra vez sin vos. Doy vuelta los muebles del living. Compro varios, muchos, adornos económicos pero que zafen en el bazar barato que abrieron hace poco. Me anoto en algún otro curso, me corto el flequillo y, de tanto aguantarme las ganas de llenar las botellas de vacío, pierdo los kilos de más que hace rato te molestan a la vista cuando buscás algo en mi que te encienda. Me siento superficialmente aliviada así vos podés terminar por sentirte aliviado por mi y, los dos, nos dejamos convencer de que está todo mucho más ordenado y prolijo así.
, es lo mejor así. Fingir que no nos queríamos demasiado, casi nada, a ver si el dolor se lo cree y desaparece.
O quizás nos estemos equivocando. Entonces vos te vayas y yo llore todas las noches hasta que el cansancio me venza y duerma cada vez peor. Y pierda esos kilos, sí. Y me mantenga a duras penas fuera del camino del exceso, pero sólo porque sin vos no tenga sentido tampoco ser Barbie Superstar. Seguramente abandone el curso junto con el curso de mis días. Probablemente trastabille en repetidas oportunidades y vos también, también adelgazado y resistiendo a tus propios vicios, sientas que estamos equivocados en la decisión y cada cual en su miseria se esfuerce por hacerlo notar.
, equivocarse sería lo correcto. Elegir mal, que vos te vayas y que yo me quede, que nos extrañemos. Que nos extraviemos, solos. Que nos perdamos, nos busquemos y nos desesperemos frente a la idea de no volvernos a encontrar.
Que entendamos, de una puta vez, que con el amor sólo no alcanza. Y que sin el amor todo sería más sencillo. Que me vuelvas a mirar a los ojos, que te vuelvas a dejar conmover. Que digas algo, que me escuches un segundo... algo, qué sé yo.

No sé...

16 marzo 2012

tambor horizontal

Yo estaba tendiendo la ropa de cama recién lavada, en el fondo, al rayo del sol del mediodía y en ojotas. Maldecía en chino mandarín por ser la única dedicada a estas tareas. Juraba por Dios y la Patria que iba a encontrar la oportunidad de encajarle a otro el mando del laverrap doméstico. Escupía baja espuma por las orejas, en trance bajo los influjos del cloro y los excesos de suavizante, abrochando mi desgano a la soga con broches de madera corroídos por la intemperie diaria.
Pensaba en morirme antes que eternizarme como lavandera. Deseaba intensamente algo que centrifugara mi destino cuando sentí el frío correrme por la espalda y las chicharras enmudecieron al unísono. La luz se intensificó hasta convertirse en un enorme blanco todo mi alrededor.
Perdí el equilibrio, se desparramaron sobre el pasto los 20 broches que no había utilizado aún y comprendí sin más que la liberación estaba siéndome revelada.
Una bala perdida manchaba con mi sangre las sábanas que ya otro iba a tener que volver a lavar.


13 marzo 2012

harapos

Pobre mina. Siempre dudando y volviendo a repasar sus elecciones. Siempre desvelada soñando que hacía diferente su camino... Jugando a la película mental de ser distinta.
Pobrecita. Haciendo de su tiempo una gran pérdida constante cuando de vez en cuando y con periodicidad se arrepiente del presente y bucea en el recuerdo de pasados miserables... Bailando en soledad el baile de la silla.
Paupérrima. Enamorada del error, siempre buscando hacerlo mal. Armando problemas para después poder llorar... Corrigiéndose post mortem.

No es cierto que aún, en secreto, la amás? Que su presente bello no es más que un pasatiempo y vos vas a esperarla hasta que vuelva a fracasar?

04 marzo 2012

autentico y decadente

Estas allá... y yo acá.
Inevitablemente, te extraño.
Me paso gran parte del día resoplando molestias y enojos para darme cuenta cuando me acuesto que estoy deconectada de vos, que me siento agotada físicamente, que no sé donde quedo nuestra vida compartida, que esto es un caos, un desorden infernal; pero que sea como sea que vaya a ir dándose, quiero que sea juntos. Que si se va a acomodar todo o va a estar cada vez mas complejo estoy dispuesta a tener paciencia porque quiero recibir con vos cada día, cada agotadora jornada, hasta volver a las noches, los sueños, el descanso.

En fin, estas allá... y yo acá.
Lo bueno es que son dos lugares diferentes de una misma casa, como dos estados distintos dentro de un único amor.


02 marzo 2012

sensorial

Tenés en los ojos marrones y grises, cálida paleta otoñal, de hojas secas y nubes. Tenés el recuerdo, de años y años, grabado en el paladar con su sabor a humedad y tristeza.
Existen, entre tus miedos, razones certeras que ponen alerta tus cinco sentidos.
Llegan los días de tardes de noche; las mañanas que lentamente reclaman más cama, más sueños, más tiempo. Vuelven frazadas de lanas pesadas, de colores gastados y olores pasados.
Tenés ganas, como cada marzo, de llegarle al alma... de llevarle calma. Tenés paciencia y desesperación de sobra, porque todo llega y porque todo acaba. Porque lo inevitable es eso, ni más ni menos que el destino. Porque la realidad demuestra que el pensamiento atrapa, atrae.
Llegan abrazos, llega la lluvia, llega el zapallo... otoñal llega, además, la inspiración.

20 enero 2012

en la cancha se ven...

Y te me apareciste. Guacho, compadrito, corajudo, ancho. Con el pelo negro y los ojos melancólicos y grandes, como los más románticos del más puro romanticismo.
Y sonreías, como antaño me habrías prometido. Como otros tantos me prometieran. Como ya otros me habían sonreído en sueños. Los dientes brillaban; tanto que tuve que entornar los párpados, entrecerrar las pestañas, para poder mirarlos y ver que eran más grandes que nunca.
Y caminabas a los saltos, trotabas. Desfilabas, parecía. Sacudiendo el pelo, sonriendo. Mirándome a los ojos. Prometiéndome cosas telekinéticamente y dándome excusas por adelantado.
Y sonreías. Las promesas y excusas me latían en la mente mientras el brillo de tus enormes dientes me acuchillaba las retinas.
Me dieron ganas de llorar de bronca, típico. Pero los lagrimales también me dolían a causa del reflejo.
Entonces relinchaste y me acordé. Te volví a poner el celofán con cuidado y el moño.
Mañana cuando despierte, salgo a la calle y te dejo en la puerta de alguna otra...

18 noviembre 2011

el mejor aroma, la mejor textura, 
lo más sabroso, 
lo más hermoso
lo silencioso, lo melódico, lo estruendoso...

de tus ojos, tus cabellos
tu piel
tus besos
susurrando mi nombre, cantándome, reclamando mi atención

si quise soñarte
antes de conocerte
y me salió un conejo de la mente

si quise pensarte
antes de amarte
y me latieron las venas de la frente

mis mejores tiempos, la mejor excusa
lo más osado
lo más precioso
lo calmo, lo revuelto, lo escandaloso...

de tus manos, tus deseos
tu latir
tu aire
el ritmo de tu vida, creciendo, liberándose de mi

 para Jose, 
mi reflejo y mi contraluz, 
en su 6to cumpleaños.


22 octubre 2011

siviembre

si transcurre el tiempo,
si los días se suceden,
mientras las horas corran
y meses terminen y empiecen...

si hay sangre fluyendo,
si la vida [o si la muerte]
mientras recuerdos sobran
y en mi mente se retuercen...

mientras haya una secuencia
ordenada, y no a su suerte,
si casi finaliza octubre
y sobre el fuego proyectos se cuecen...

mientras eche el viento
al pasado que sobre mi se cierne
muchas heridas cierran y se curan
a la par de que llega noviembre...

01 octubre 2011

Sacrificio al genio

vaho,
hedor de mi humor de hoy
mala cara,
moho en la calma...

sopor, náuseas,
fetidez de mi ánimo
pocas ganas,
enemistad de mi alma...

putrefacción,
voluntad descompuesta
sin deseos,
sólo clavos en las palmas...

16 septiembre 2011

brindis

Tose y se tapa la boca con las dos manos. En un gesto involuntario se le escapan ganas de vomitar que reprime y corre al baño.
Desde la sala, se la escucha toser más y un poco más. Se la escucha y causa tos; contagioso como ver a alguien bostezar. Todos hacen una gran arcada y al darse cuenta, vuelven a toser. Ella, en el baño, escupe sangre y salpica un poco el espejo. Se moja la cara y se enjuaga la boca con un buche de agua tibia. Se pone en un dedo un poco de pasta de dientes, se la frota por las muelas y hace espuma. Vuelve a escupir y el agua sale rosa.
Al mirarse nuevamente se encuentra el rimel desparramado sobre los ojos y aún lágrimas después de las arcadas. Entonces toma un pedazo de algodón, crema humectante y se demaquilla. Se pone 5 puntos de base, polvo compacto, rubor y sombra en los ojos. Brillo labial, delineador, rimel nuevamente. Se saca el flequillo de la cara con un clip y luego se recoge los rulos dorados con una hebilla de gancho.
Hidrata sus manos con una loción perfumada con castañas, rectifica su perfume importado en las muñecas.
Hace una última inspección de su semblante en el reflejo y sonríe, con ánimo. Abre la puerta y sale.
Allí, nadie se habría atrevido a hablar sino hasta poder verle el rostro. Ahora, con la certeza de  su bienestar uno de los invitados aplaude y vocifera chistes relacionados con su demora y le atribuye a la tos la liviandad de una excusa. Ella, al sentarse nuevamente junto a todos, aclara la garganta y abre la velada con voz metálica, controlada, monotonal levantando su copa de Pinot Noir.
- Por los años, por los proyectos, por el futuro...
Y, mientras sus amigos ríen y chocan cristales, susurra para sus adentros "...los que hemos compartido, los que alcancé, el que ya llegó..." y bebe. Un poco para distraerse y otro poco para callar a su garganta, desesperada, sangrienta.

26 agosto 2011

sin título

Imagino conocerte, parecida y diferente, y desespero...
Y luego escucho, veo noticias y lamentos. Veo abandono y veo búsqueda; veo versiones e hipótesis.
Imagino dolores ajenos, infinitos e imposibles, y lloro...
Y no duermo, sólo pienso. Veo fantasmas de mujeres que no pueden; veo heridas que no cierran nunca más.
Imagino repartir estos temores, dividirlos o multiplicarlos, y no puedo...
Y no quiero, o no sé cómo, o: no quiero.
Veo pañuelos, banderas y velas. Veo plazas, marchas y noticias. Veo encuentro y desencuentro, nada más.
Quedate ahí, acá... conmigo. Quédense así, no entiendan nada.
Y, como trilladas palabras de mi abuela,
"entenderán sólo cuando los tengan"
que los hijos duelen tanto
que llorar por los ajenos
es lo mínimo hacemos
por respeto, por instinto y por temor.

17 agosto 2011

hard woman

Cuesta seguirte. Recia, dura, distante. Cuesta hacerte compañía, generalmente sobran las palabras pero ajustan los silencios. Incomodan las miradas y tocarte es tan difícil como entenderte.
Y no me quiero ir, ni quiero dejar de intentarlo. Sólo que, generalmente, me pregunto si en realidad esto te sirve; si te importará que yo insista en descifrar muchas de esas cosas que pareciera que escondes con tanto esmero de mí.

21 julio 2011

oídos sordos

El paso del tiempo
inquieto en mi cuerpo
repica, golpea
sacude mis huesos...

Incierto te siento
indeciso, disperso.
Aplaudo, pateo
reclamo tus besos...

No encuentro respuesta
no existe, no tengo
amaga, simula
ignora mis rezos...

09 julio 2011

herida abierta

Te acordás? Siempre jugando conmigo. A quererme y no quererme; a llamarme o a olvidarme...
A desearme o no mirarme, a besarme o a ignorarme.
Lo recuerdo bien. Acurrucada en un colchón, esperando de tu mano mucho más que un apretón, con un vaso de licor y un cigarrillo... estirándome para alcanzarte en el silencio algún que otro sentimiento que te sirva de canción.
Te acordás? Vos solías dormirte sin haberme complacido y yo, tan necesitada en esa época, me sentía cerca tuyo al menos y, abrazada a tus últimos ronquidos, me dormía ya cuando en tu cuarto entrara luz.
Siempre jugando, siempre.
Y el recuerdo pasea otoñal entre mis labios, trova por más y se escurre burlón.