[todo lo que tengo se lo he pedido prestado a mi imaginación]


19 septiembre 2009

revolución hormonal por default

Saco, al azar, un pie de la cama y como sólo tengo dos hay muchas chances de empezar con el equivocado. Y eso puedo sentenciarlo cuando vuelva, horas y horas después, a la misma cama para cerrar la ceremonia diaria de la rutina de vivir. 
Arrastro, pateo, arrastro y como un fantasma hecho de frazadas y vapor denso pienso en café. No hay. Cuánta furia podría caber en un cuerpo tomado por las hormonas que juegan a las caras más oscuras de la luna?
Y atacando descalza, con los pies helados, la puerta del bajomesada replanteo el desayuno. Mate.
Pongo la pava que hierve antes de siquiera contener agua. Y lavo el mate y la bombilla mientras me quemo los dedos por no haber bajado el calefón. Para qué puteo? Nadie me escucha! Hoy no hay Úrsula que alcance.
Busco litio. Digo, en el litio. Trago con agua fría desde una botellita de las épocas de gimnasio. Cuando compartía momentos ajenos, en lugares ajenos, con  un hombre que no era mío. Me trago, comprimido, el recuerdo que justifica mucho tiempo perdido que hemos vivido sin protestar.
Abro la ducha, pienso en el agua. No, en la de la pava que está por estallar. Corro desnuda, apago el fuego. Otros fuegos me calman el sentimiento y mando un mensaje de texto para avisar que todavía cantamos. 1...2... holaaaaa
Muchas “a“ indican voluntad y ansiedad, necesidad de respuesta y ganas.
Un chapuzón, de parado; baño completo, aspirado y encerado. Faltó el lavado de motor.
En tanga está fresco. En medias también.
Volviendo al desayuno. Agua al termo, mate en mano busco yerba. Y por acá tampoco. No hay.
En llanto. Falta todavía para volver a la cama. Y ni el poder de sentenciar que es un día de mierda.
Ojalá me equivoque y te encuentre a la hora de la siesta para borrar con tus manos el rastro de mis muñecas aburridas y dolidas, para sacarme del pelo la maraña de ideas raras que me nublaron el sábado.

14 septiembre 2009

dame luz

Viento
Hojas revueltas
Sacudón y oscuridad.
Tormenta

Se despeja y anochece.
Estrellas
Pasto fresco
Madrugada

Amanecer
Sol
LLega el día.
Chicharras

Y al asomar la nariz de entre las pecas salís vos.
Y la mañana se hace tarde en tus brazos.
destino

07 septiembre 2009

Ticket to Ride

Digo, tic tac... 64 segundos para analizar. Subo o no? Vamos.
Arriba pienso: haberme quedado y podría estar estropeando todo con un buen garche. Tarde, minuto cuarenta y cinco después veo el teléfono y vos que decís: Menos mal que te fuiste o estaríamos matándonos en un telo.
Tardo veinte segundos más en elegir seguir hacia donde voy. Seguir así, sin arruinar lo ya deshecho entre los dos.
Y me duermo. Doce minutos hasta plaza Italia. Y cuando me despierto sólo puedo pensar en que llegar hasta acá fue más difícil que haber abandonado, en su momento, todos esos proyectos. Hasta acá, a plaza Italia. Y en tres minutos bajo y camino hasta el subte. Y decido: no volver, avanzar. Claro, ir para el lado de Catedral y no para Congreso. Son veinte minutos más de viaje. En realidad es elegir otro destino y no saber a ciencia cierta a dónde vamos a terminar. No, no con vos. Es otro el viaje que hoy elijo. Digo, sigo viajando. Pero sin vos.

22 agosto 2009

Medio vaso lleno.

Se termina la botella y a esta altura creo que beber me ha despojado de tantos miedos que tengo que hablarte. Y como no te encuentro, lo hago al aire. Guitarras rasgan mis vestiduras y taconeos baten mi pecho con furia.
Sé que esto está complicado, lo sé, no soy tarado. Sé que si quieres te esfumas como llegaste y desapareces dejando sólo espuma. También que no es eso lo que quieres pues cada noche te siento venir hacia mi. Sí, hacia mi vienes. Esos son los momentos en los que apoyamos de a poco sobre el barro los cimientos y construimos lentamente algo tan nuestro. 
Esto es tan reciente que de un soplo el lobo podría volarnos los sueños; yo ya lo he vivido, quedar sin nada en medio del desierto. Mas no puedo imaginar otra cosa que conquistar tus puertos, anclar, y bajar en tus bares a enamorarme de tu pueblo.
Podemos ignorarnos por el resto de los años y olvidar que despertamos al mirarnos. No arriesgarnos a hacernos daño. Podemos esquivar los corazones, olvidar que respiramos al hablarnos, y sostener dos o tres prudentes razones.
Seguramente huyas, mujer, escapando de la aventura. Y yo, varón, sólo pienso en tu cintura. Quedaría atrapado en tus encantos, como marinero atado al mastil por no enloquecer con tu canto.
Bebo lo que queda en mi vaso, medio vacío y medio lleno, y ruego que me trague el hastío antes de con tan poco sentirme pleno.

19 agosto 2009

Evil

Le devuelve una mirada cargada de dolor, cierra la puerta dejando atrás años de padecimiento. Abandona miles de pertenencias a cambio de llevarse recuerdos, unos pocos en una valija de cuero ajado y decolorado, en su mayoría tristes y nefastos. Mucha mediocridad en un bolsillo, las llaves del doce medio picado y una lata de Palermo para el viaje a ningún lado.
Al salir del edificio tantea en el pantalón hasta reencontrarse con los parisienne medio húmedos del chaparrón de la tarde. Cuesta pero con la derecha logra prender uno y tira la valijita en el asiento de atrás.
Tres veces se le apaga el auto. Toca el tablero desarmado, le pone onda. Solo ruega que no se ahogue y cuando enciende, calienta mientras se toma la birra medio caliente.
Ya el cansancio le brota por el cuero cabelludo. Y chorrea lamentos. -No daba para más, masculla. -No, claro; se reconforta. -Con qué poco me conformo! mendiga.
Pone primera, segunda... estira hasta que se pone en verde. Tercera. Tose. El auto tose y tironea. Y punto muerto. Ni sabe por qué frena. Está desierto el pueblo a esta hora. Últimamente el pueblo parece fantasma. Ella parece un fantasma. Tan flaca, tan dolorida. Golpeada también. 
Se saca el cangurito, se suelta el pelo. Tira el auto sobre la costanera. Y pone los pies sobre el asiento.
Medio caldo se ve el agua. Parece sopa de verdura. Le da asco pensar en eso y deja de mirar. Pero le da más ganas de vomitar el pensar en la noche de anoche. Dejándose tocar, abrazar, acariciar, manosear, fajar. Se dejaba. Siempre se dejaba porque era más fácil que resistir. Y ahora que quería ser fuerte estaba sobre el auto despintado vomitando sopa de verdura por los ojos que le goteaba sobre las rodillas apretadas contra las costillas.
Se toma un papel, desprolijo contra el tablero poroso que se toma su porcentaje correspondiente. Y sin zapatillas camina sobre el polvo arenoso hasta el borde de la olla. De entre la mediocridad que guarda en el bolsillo izquierdo rescata cinco o seis pastillas y se sienta al filo de la costa. Más bien se arrodilla, con la boca llena de mediocridad y reynol, y se toma un buen sorbo de agua caliente y lleno de microsistemas.
Medio rato después se le caen los mocos mientras tiembla con los pies embarrados. Y un poco de baba blanquecina le dibuja una sonrisa tragicómica sobre los labios finitos y resecos.
Estaba cansada de ser siempre la víctima de su propio cuento. Ella quería ser la mala. Y nunca le salía.

puro humo

hablo con el reflejo
le sonrío al espejo
me contestan ecos
y se ríen las sombras

desde lejos viene un rumor
y toca la puerta el viento
no está en mi imaginación
es lo que yo siento

(al final estaba sola... rodeada de sombras... acariciando vapor...)

12 agosto 2009

Erotica VI

Ardo.
Te veo, puro fuego. No me importa qué decís ni que contás.
Ni los problemas, las verdades ni las más sólidas tristezas.
Sacudime.
Hagamos ruido, barullo, bochinche. 
Que nos sancionen, amonesten, que nos arresten, echen. Que acaben con nosotros. Acabemos.
Tengamos guerra, armemos estrategias, invadime, dejate convencer.
Me inspirás, sabelo.
Remontemos el bache, salgamos del barro.
Disfrazate de lo que sea, desvestime.
O con la ropa puesta haceme lo que quieras con palabras.
Hagamos lío, rompamos todo, te rompo el alma.
Prendamos fuego, derretime con la mirada.
Comeme, tomame, no me tragues.
Rendite a mis pies, subí por mis piernas...
No me hagas hablar, voy a gritarte todo, nada quiero callar...
dejemos los susurros para otro momento
Seamos animales, reptemos, volemos, corramos, nademos.
Extinguime, reproducime, evolucioname.
Todo esto puede quedar acá, para el recuerdo.
En la imaginación caliente.
O podemos concretarlo, realizarlo, materializarlo, definirlo.
Hagamos un trato, 
no lo pensemos
que pase...
mientras tanto:
me quemo, combustiono, estallo, me prendo...
Ardo

quiromancia

No te miro y, si no te miro, no existís.
Camino, camino, me siento, me paro, me voy, duermo y vuelvo. Y no existís.
Parpadeo, me tropiezo. Entonces levanto la vista y ahí estás. Pareces estar sonriendo, pero me esquivaste a último momento y no recuerdo si tenés ojos marrones o verde oscuro.  La sonrisa se hizo hueca y la carcajada sorda retumba en mi mente. Vuelvo a parpadear, me siento, hablo por teléfono. Estás, no existías. Ahora parpadeas.
Corto, te miro, no me ves. Parecía que me mirabas. No entendí si de nuevo te reías. Me miraste?
Camino, voy, vuelvo. Pero no puedo descifrar si son marrones. Ah, qué buen pelo.
No me acuerdo cómo te llamás. Me lo habían dicho pero no me acuerdo y ahora no da preguntar. Además si pregunto, me van a preguntar.
No te miro, nunca más. Si no te miro vas a dejar de existir. Como casi todo lo que uno desea con fuerza, esto tampoco se cumple.
Y ahora qué hago? No puedo evitar mirarte de reojo cada vez que, de reojo, veo que no me mirás. En realidad no podría afirmar que me hayas estado mirando. Me miraste?
Me miraste cuando me hiciste tropezar. Y sonreíste. Era hermosa tu sonrisa. No sé porque no puedo dejar de imaginarme que me volvés a sonreír y yo descubro finalmente que verde oscuro no era y que tenés una sonrisa que encandila.
Me paro, como, vuelvo. Entonces hago silencio porque hablás y quiero escucharte aunque a mi no me dirijas la palabra.
Qué torpeza haberme tropezado. Y yo que quería disfrutar de mi ceguera, no verte, no dejarte sonreír.
Ahora no duermo pensando en el color de tus ojos, en morir en tu sonrisa.
Ay, moviste las manos, te corriste el pelo y el dolor de tus ojos, digo, el color de tus manos, ntch... el color de tus ojos es marrón, pero en tus manos algo me dice que otra vez voy a sufrir. Voy a volver a sufrir, en tus manos.

03 agosto 2009

mendigo

Vos sabés. Si lo pensás mejor me encontrás.
Hace seis años que me senté acá y no me moví. Ya llegará el día en que te acuerdes lo que alguna vez hablamos y vas a venir a buscarme.
Vas a llegar corriendo, descalza, en pijama. Me vas a haber soñado, como siempre que te busco y no sé cómo llamarte. Me escabullo entre tus oníricos paisajes para con un chasquido invisible y un gesto sordo hacerte venir a mi.
Pero esta vez vas  a llegar para nunca más irte. Será ese día que alcancemos la predicción de lo perfecto.
Mientras tanto aquí me quedo. Tirado en esta esquina, barbudo y oloroso, pidiendo monedas mientras tomo de mi vino de cartón.

25 julio 2009

A fuerza de partir voy a saber lo que es volver...

Yo que viví sobreviviendo 
Que con morir soñé antaño 
y de tanto soñarlo
lo intenté en un baño.
Yo que viví muy encerrada 
a mi que hasta me ataron 
así atada aprendí a volar
y hasta volé, me contaron.
Yo que no quería nada 
de todo quererlo tanto
que no sabía cómo quererlo
y el amor era el espanto.
 . 
Yo sé lo que es sangrar 
yo sé lo que es renacer 
aprendí lo que es crecer 
a fuerza de caminar.

18 julio 2009

sublliminal

Vos pensarás que a mi me gusta el dolor, no? Que me enamoré del padecimiento... que soy adicta a sufrir, a rebajarme, a perdonar para seguir siendo castigada.
Podrás erróneamente deducir que meto los dedos en el enchufe para sentir la descarga, toco la plancha para sentirme viva con su calor y aún habiéndome quemado con leche me compro la vaca.
Quizás creas que me gusta llorar, angustiarme, hundirme en la miseria del dolor.
No estás leyendo entre líneas. Será hora de decirte claramente que amarte tiene muchos efectos adversos pero ha sido siempre el objetivo.

10 julio 2009

Todo o Nada

Toco lo invisible, me acerco y al mirarte te acaricio. Y cuando sonrío, de entre mis labios el aliento fresco que se escapa al hablar y mover la lengua, te invito a un paseo mental entre recuerdos de besos y tardes sobre pasto y esterilla. 
Es que ahora ya no nos tocamos con las manos ni nos besamos con los labios. Ya no hacemos el amor con nuestros cuerpos, no nos lamemos con las lenguas, no nos abrazamos con los brazos ni las piernas.
Hace un tiempo que tomamos distancia. No habremos funcionado. Pero de vez en cuando nos cruzamos y al acercarnos se despliega el abanico de chances que unen a los enamorados. Solemos coincidir cuando reimos, cuando aplaudimos, cuando callamos.
Ya no somos nada. Y quién nos quita el título de “todo“ en nuestra íntima y privada conexión mental?
 
     
pupilas de gato
respiración acertada
esperando el contacto
y no somos nada

olor a menta
y dulce vainilla
cayendo en la cuenta
haciendome cosquillas

En el país de los gigantes...

Dice que se está poniendo vieja. Y él la escucha y se ríe porque piensa que si hay algo que se está poniendo es hermosa. Helena habla sin parar. Hoy es uno de esos días en los que necesita de Lucas más que nunca. Él la respeta tanto que no la contradice. Ella lo quiere un montón. Aunque nunca logren consensuar entre la pasión y el amor que derrite a Lucas y la desesperación y el afecto que atan a Helena. Aunque no logren un pacto, ellos tienen sus promesas en vano y su ritual del domingo a la tarde.
Lucas viaja en el tiempo, pierde su fecha de nacimiento, se vuelve hombre. Helena pasea en camiseta y medias jugando a no ser grande, jugando a saber jugar. Pero Lucas sabe que ella juega con sus sentimientos y que ella siempre hace trampa. 
Entonces Helena habla hasta que se le agotan las palabras, se desprende de sus temores, de las locuras, de los problemas. Él la escucha, paciente, cauteloso. La abraza. Ella se deja. Y así los besos y caricias los desnudan; la pasión, la furia los arrastran, los cabalgan, los penetran.
Pero el ritual nunca termina con ellos durmiendo abrazados. Helena suele temer quedarse enredada entre las sábanas. Lucas acostumbra rogarle a Dios que ella se quede ahí, atrapada en su abrazo.
Por eso Helena corre; ya no juega, escapa. Y se viste, otra vez en mujer y ya no niña. Lucas recupera su identidad, su edad y su lugar. Ella lo trata como a un alumno. Le explica, lo conduce y corrige.
Lucas se avergüenza de lo que no eligió: el año en que nació. Quisiera ser grande. Serio. Correcto. El hombre correcto para Helena.
Helena quisiera abandonarse al infantil Lucas, ser niña para siempre. Sin embargo se recompone cada domingo para regresar a su mundo cargado de problemas y cosas de adultos. Allí donde Lucas no tiene y nunca tendrá lugar.

05 julio 2009

La creaba, la corregía...

Yo la quería. La deseaba, la amaba. La necesitaba.
Cada vez que la veía, la admiraba. 
Cuando la oía, realmente la escuchaba. 
Cuando se acercaba, la olía. 
Cuando no la veía, la intuía. 
Si desaparecía, la extrañaba. 
Si se reía, la acompañaba. 
Cuando no, la imaginaba.
Por las mañanas la esperaba. 
Y por las noches, la soñaba. 
Los lunes la perdía, los sábados la llamaba. 
Los domingos la encontraba. 
A veces la consentía y otras la contrariaba. 
Muchas veces la comprendía y unas pocas la indagaba.
Cuando podía, la recorría. Cuando quería, la apretujaba. 
Ciertas veces, accedía. Otras, se violentaba.
Y si dormía o descansaba, yo la protegía y la observaba. 
Y si se despertaba o se destapaba, yo la arropaba y la acunaba.
Ella venía y yo la esperaba. Si ella corría, yo la acompañaba. 
Y si frenaba, yo la empujaba. 
Si se caía, la levantaba. 
Cuando lloraba, yo me moría. O si moría, yo la lloraba.
Yo la quería y la deseaba. La amaba y la necesitaba. 
Ella ahí estaba, no la tenía. No era mía, la inventaba.

26 junio 2009

recreo

Se miran y, aunque no emiten palabra, lo dicen todo con los ojos. Y el aire frío de Junio les corta la cara, las manos buscan refugio y sólo encuentran bolsillos sin fondo, costuras deshilachadas. Las bufandas les pesan como yunques al cuello, al tono con el azul de los labios helados y vacíos. No hay adoquín, ni baldosa, que los resista a los dos. Hoy cualquier superficie es frágil. La luz es tenue como de barrio del bajo, el ruido constante interfiere con el débil sonido que cae de la boca de ellos cuando al deambular sin rumbo quieren detenerse. A pensar, tal vez.
Las puertas de las casas bajas, las ventanas de los edificios, los porteros sacando basura, las ratas trazando escapatorias por los cables caídos de un garage-galpón. Todo conspira y convierte a este momento en uno realmente desgarrador.
Son casi las y media de las veintidós. Y ellos quisieran detener el reloj.
Al pasar por la plaza quizás se preguntan cómo habría de ser si por acá un tobogán y por allá una hamaca. Si chupetines y hasta alguien que les diga que no. Entonces, se sientan en un escalón. Y, sin romper el silencio, se rozan las manos. Uñas, yemas, uñas otra vez.
El invierno los achica, a pesar del yunque y el dolor.
Él no sabe cómo. Ella no sabe por qué. Nadie les enseño.
Se paran y nuevamente sin contactarse avanzan hasta la entrada de un viejo caserón. Y en la puerta palmean, con las manos rojas de miedo. Un crujido devela el misterio y una señora gorda con delantal de cocina sonríe.
–Adelante, pasen. –se toca el pelo contenta- subite la pollera, te lo vamos a sacar.Ellos no dicen nada, y con las lágrimas calientes velan por sus catorce años y lo que nadie nunca les explicó.

20 junio 2009

magia-veneno


El nudo de angustia me asfixia, me agarra del cuello el dolor y no me deja respirar. No hay muchos otros caminos. La liberación, propia y ajena, se ubica en un único espacio: el humano momento de la muerte. Me duele querer morirme, sobre todo porque no quiero morir. Yo quiero dejar de sufrir. Quiero dejar de llorar, de pensar en la muerte, en la sangre, en los accidentes, en el olor a podrido que se me queda pegado en los pulmones. Quiero dejar de pensar que lastimo y que a la que más lastimo es a mi. Mi cabeza no para un segundo. Pienso, reviso, pienso. Pero son pensamientos falseados y corruptos producto de una mente enferma. Entonces la razón está perdida y sólo hay ruido y humo en mi cabeza. Y quiero parar de pensar, quiero parar de quemarme con el frío. No se puede. No hay salida. Hay una única puerta, cerrada con  llave.

No sabemos cómo ayudarla. Parece peligroso lo que le pasa. Duerme mucho y aún cuando no esté durmiendo, está tapada hasta el cuello llorando. No sabe ya cómo comunicarse con nosotros, ni con su hija, ni con ella misma. Suponemos que está colaborando para salir, pero está tan en el fondo que probablemente ya no salga. Y está del otro lado de la razón. Está muda y sorda, haciendo gestos muy concretos. Necesitamos creer que esto también va a pasar. Pero ella no tiene fe. Pareciera despedirse con su actitud. Por favor, haga algo.

Claro. Lo que hay que hacer es claro. Entonces me pongo el pantalón del pijama y con una bolsa disimulo lo que llevo al baño. LLevo la botella de jugo. LLevo filos. LLevo pastillas. Muchas. Casi doscientas. Me siento paciente en el piso que el inminente invierno enfría. El impulso, la patada inicial cuesta y genera taquicardia. Si paso el primer montón ya estaré del otro lado. Abro las cajas, junto pastillas de a puñados y trago con esfuerzo empujando con levité de manzana. Hago una gran arcada. Vomitar sería la peor torpeza. Una gran idea me invade en este momento crucial y abro la canilla para llenar la bañera. Vuelvo a sentarme y trago hasta llegar alrededor de los ciento cincuenta y variados psicofármacos. Entonces me siento muy cansada, destrabo los filos de las maquinitas y con la derecha, me tajeo histéricamente la izquierda. Pero la histeria no alcanza porque las benzodiazepinas ya están en la sangre y todo me pesa. Me pesa tanto como la vida. Me pesa tanto que con la mano arañada en mil pedazos me saco el pantalón y me suelto el pelo. Y me sumerjo en el agua tibia, cual bautista. Entonces todo lo que pesaba empieza a flotar, se me escapa de la mente. Me estoy olvidando de cómo me llamo, dónde vivo, qué estoy haciendo...

No, no! Por Dios! Si yo sabía que no estaba bien!! -Despertate!! Hoy viene la nena! Despertate!  Qué le voy a decir??? Por Dios, Jimena, Despertate. No me hagas esto!! Por el amor de lo que sea que en este momento me salve, no quiero enterarme de nada más si esto no es una broma. No reacciona, la estoy golpeando y no reacciona. En una nebulosa me veo a los gritos, en la esquina, las puertas de mi casa abiertas de par en par, el policia me hace gestos que acompañan palabras que no escucho y por eso no voy a recordar jamás. Cuando entré estaba casi ahogada, desmayada o muerta, no lo sé, con la cabeza hundida en el agua que amenazaba con desbordar el baño. Y al sacar el tapón la rejilla no soportó. Entonces el agua llegó hasta el comedor donde el perro aullaba por mis gritos chapoteando en el parquet. Hice varios llamados, no sé a quién. Supongo que se entendió que era una urgencia pues todos finalmente aparecieron. La policia no me dejaba tocarla, no la tocaba, no la devolvían a mi lado y ella, en un desesperado intento, caprichosa se enfriaba. Vino la ambulancia, la sacaron, me llevaron. Lo que siguió me lo han contado.

Entró en paro. Hay que revivirla.
Ahora va a quedar en coma un par de días.



18 junio 2009

casa en venta

Me voy a guardar las palabrass
al ladito de la botella de vinagre
junto al aceite de sésamo
y el carbonatado gas de recargas.
.
Todos tus fraudes y engaños
los dejo junto a la puerta
apilados con la basura
que debería haber sacado hace años
.
Las lagrimas derramadas
las voy a meter al freezer
para cambiarlas por hielos
y acompañar con coca las empanadas
.
Tengo unos cuantos reproches
desparramados en alacenas
los junto al jabón en polvo
el suavizante y los broches
.
Me dejaste la casa renga
no hay servilleta que alcance
para sacarme de la boca
todos los besos que tenga
.
Se me arrugaron las camisas
se descolgaron los cuadros
los libros perdieron hojas
y mi vida las premisas
.
Te dejo amor en el llavero
y cierro para siempre la casa
quisiera olvidar el barrio
y hasta borrar dos enero.

14 junio 2009

Sos angina comiendo praliné.
El agua caliente con el cuerpo ardido después de un primer día de playa.
Los besos sobre los labios secos de frío.
Duele, hace bien tanto como haces mal.

Un amor civililzado.

Si me dan a elegir yo prefiero encontrarte en sueños, con la cara borrosa pero el alma visible. Allí dónde no sabés si me parezco a mi pero confirmás que lo soy por la actitud. Quisiera ser el aroma del recuerdo, al subir o bajar del subte y que me busques con la mirada y no me encuentres. Y me lleves pegado a la nariz.
Quisiera ser sensación tactil, agarrada de tus yemas, acariciada en la imaginación. Quisiera que me busques en las esquinas vacías de Buenos Aires húmeda y fría, sentado en algún predecible escalón.
Si me dan a elegir, elijo perderte ahora y no inmersa en la mediocridad.

08 junio 2009

El esquema de Jakobson que fracasa

No hay caso. Busco la forma de comunicarme con vos y no la encuentro. Somos dueños de miles de palabras contenidas en nuestro idioma, plasmadas en el diccionario. Tenemos habilidad para articularlas, de hecho a eso nos dedicamos. Sin embargo no logramos entendernos. Quizás no logramos expresarnos.
Y esquivamos miradas, y plantamos las caricias en el aire frío del otoño esperando refugiarnos en dimes y diretes que no nos conducen sino al descampado del sin razón. Y tenemos problemas. Dios que los tenemos. Ni puta idea cómo resolverlos. Estamos intentando errantes, urgentes, racionales. 
Será momento de abandonarnos al animal sentimiento que se esconde bajo la piel y corre por la sangre. 
Será cuestión de sentir, intentar, insistir? O abandonar, resignar, dirimir?