[todo lo que tengo se lo he pedido prestado a mi imaginación]


26 abril 2016

Lo que fui no es lo que seré

Estoy sentada tomando frío a la sombra del otoño que acaba de llegar. El cielo está turquesa helado y sobre él, algunas pocas nubes impecables y mullidas.
Pienso en lo que veo cuando te miro. Sé que veo lo que me dejás ver y ahí hasta donde vos me dejás. Me imagino lo que vos observás al verme. Todo lo que hay en mí es de mí todo y tan poco a la vez. Lo que yo fui hasta acá no es lo que yo seré. Yo voy a ser lo que vos quieras crear. No importa lo que te cuente, lo que quiera ocultar; no importará lo que me calle, lo que no te quiera brindar. Entre lo que yo te muestre y lo que vos construyas no habrá distancias. Superpuestas ambas imágenes yo seré la que vos hagas.
¿Alguna vez alguien confió en vos incluso más de lo que vos podrías confiar en vos mismo?- me pregunto. ¿Alguna vez viste a una hoja de un árbol caer hacia el cielo?- te pregunto mientras la pierdo de vista entre un balcón y el celeste que raja la tarde. Pero no podés responder porque no estás acá aunque estás conmigo dentro de esta cabeza que no para de dibujar tus ojos, tu boca, los gestos pocos que empiezo a memorizar. No me respondas, pienso. ¿No será hora de que alguien conozca de mí todo lo que ahora estoy reconociéndome? ¿No sería hora de que alguien te dé lo que vos realmente te merezcas y no lo que vos quieras decir que no valés? No necesito una respuesta. Yo la tengo. Sé con certeza cosas que nunca podría explicarte de otra forma más que haciéndote vivirlas. Tengo para darte los sentimientos que te acerquen a lo que yo aprendí a sentir.
Cierro los ojos y el cielo queda sólo en mi memoria. Ya no lo veo pero puedo recordarlo y al instante abrir nuevamente los ojos para confirmar que lo que veo es lo que es. Cierro los ojos y te pienso. Sos un recuerdo hermoso y la mirada profundísima que me deja entrar. Con los ojos cerrados me pregunto: ¿alguna vez confiaste tanto en alguien desde que en vos mismo dejaste de confiar?
Suelto el aire y dónde vos estés la respuesta vuela hacia arriba, mullida e impecable. También celeste.

15 marzo 2016

Se van pasando los meses
yo creo que sin darme cuenta
sin pensarlo
pero, cada aproximadamente veinte días
hago un repaso, un recuento
tomo nota de mis pasos, de los cambios
de las horas que pasaron sin vos
Ya me siento mejor
creo estarlo
pero, cada veinte aproximados días
lloro porque te extraño
te extraño porque faltás
y retrocedo veinte exactos pasos
(pa´tras!)
Creo estar cerca del amor
me digo algunas noches
y cada casi tres semanas
busco gente que me guste
poco, no tanto
para poder seguir sintiendo
que de todas las personas que me gustan
la que más me gusta sos vos

06 marzo 2016

sabés qué tengo?
miedo
a vos, a tus heridas y a tu capacidad de herir
a mí, a mi pasado que nunca se va
y al futuro que no llega, no llega más
al presente, que se nos escapa siempre
impuntual, no se presenta
sabés qué me pasa?
no me interesa
si me escuchás, si te importo
sólo quiero oírte, verte
contando esas cosas que ni siquiera son verdad
quejándote, sufriendo, mostrando las hilachas
de soledad, de alegría, de vos y de voz
no me interesa
avanzar, retroceder, quedarme
si mientras me mareo
te escucho
aunque hables para decir nada
y no me hables a mí.
sabés qué?
no sabés mucho
quizás no importe
porque yo lo intuyo todo
y hasta me lo invento
el miedo, el amor, las verdades, las mentiras, el presente
tu soledad, tu ausencia, tu voz...

27 febrero 2016

Después de vos, 
me compré un diario
y escribí, escribí
sobre vos, sobre no-vos.
Fuiste la medida
de lo que sucedía y lo que
jamás sucedería.
Después de vos,
escribí tanto en ese diario
que fuiste el diario,
la tinta, la sangre misma
en mis venas.
Después de vos,
después de escribir sobre vos,
las hojas no alcanzaron.
Además, se secaron
y empezaron a caerse.
Todo lo que dije
lo que escribí en ese diario
se me voló
como se volaron los meses
y pasó otro invierno,
otra primavera
y llegando al fin de otro verano
ya no me quedan hojas
ni palabras...
Espero que no se me acabe
nunca, jamás
la tinta, la sangre.
Lo que no pasa de moda entre mis cosas
es que vos seas la medida de lo que no sucederá.

09 febrero 2016

zona de confort

Decía que se iba, que todo estaba terminado. Me miraba, desafiante, esperando una reacción. Después me daba la espalda y se retiraba del cuarto dejándome sola.
Entonces yo salía furiosa, asustada, prendida fuego. Corría atrás suyo puteando, a veces tirando lo que tuviese en la mano. Ni una de todas las miles de veces que tiré logré pegarle. Jamás se daba vuelta.
Se sentaba en el living y prendía la televisión, era su manera de mostrarme que ya nada importaba tres carajos. Subía el volumen y yo subía el mío. Subía el calor en ese infierno.
Yo lloraba. Me cansaba un rato, me iba a bañar. Siempre creía que la ducha me sacaría de encima el miedo, el pánico que me inundaba sabiendo que llegaba el fin. Fin al que habíamos llegado hacía años. El fin era nuestra zona de confort.
Salía de la ducha mansa, con los ojos hinchados y dolor en las palmas de las manos de tanto apretar los puños. Me vestía y al salir volvía a sentir la furia corriéndome cerca. La televisión, la indiferencia, el bolso a medio hacer.
Me voy, decía. Y yo, que sabía que había esperado 45 minutos para decir de nuevo eso en lugar de irse, respondía que sí, andate bien a la puta que te parió. Y no, que no.
No te vayas. Sin vos no voy a poder. Sin vos me voy a morir. Y el aire me faltaba al imaginarme sola, durmiendo sola en los cuatro metros cuadrados de cama, sentada sola comiendo una pizza. Sola sin tener a quién odiar. Me sentía asustada, chiquita.
Si te vas no voy a poder... me voy a morir. Si te vas me voy a tirar abajo de un tren.
Entonces me abrazaba. Él perdía el miedo a irse sin que nadie lo corra, yo perdía el miedo a que se vaya sin avisar. Nos tirábamos en la cama enorme, abrazados. Y descansábamos dos o tres días, juntábamos fuerzas para volver a empezar.

15 noviembre 2015

Bunker

A veces pasa. Te vas olvidando de cómo eras o cómo era un espacio y te adaptas a su nueva forma, borrás por completo la imagen de lo que fue hasta que alguien o algo te dispara el recuerdo enterrado. Entre lo que sos y lo que fuiste, ese abismo que fue el proceso. Recordarlo es tomar conciencia de la evolución. Un cachetazo de tiempo y esfuerzo, sudor, lágrimas, te lleva del presente al pasado y te vuelve a traer hasta acá. Ves? Esto sos-fuiste-sos. No fue fácil ni gratis, obvio.

Acá íbamos a caber todos, por eso el living se convirtió en dormitorio un par de semanas después de mudarnos. Veníamos a terminar de separarnos a Capital. O a empezar, en realidad. Así que armó su cuarto ahí y, un rato después, comenzó a transformarlo en bunker. Metió la cama grande, la tele, el aire acondicionado sin conectar, los muebles que le había hecho su papá, el sistema de sonido, el otro sistema de sonido, una montaña de porquerías sueltas que ni hacía falta que se guarde porque total yo no las quería, papeles con misterios que sugerían compraventa de mentiras en dólares y supuestas estafas mal escondidas entre la ropa. Todo en su bunker.
Las puertas de vidrio tenían cortinas y las cerraba solamente cuando quería él. Si afuera pasaban cosas divertidas, si yo estaba cocinando sin sufrimiento ni temor, las abría para que su música se mezclara con la mía y fuese imposible respirar. Yo solía apagar mis parlantitos porque sus nuevos gustos musicales habían sido banda de sonido de mi adolescencia, así que me sabía las letras y me ponía a cantar. De la bronca, cerraba las puertas y todo volvía a empezar.
Después salía del bunker, se sentaba a cenar. Comía, se paraba y volvía al bunker a sacarse los mocos con la puerta abierta mientras miraba History Channel o la serie de los zombies y entre lo que miraba y la cara que ponía creo que no hacían uno. O se sentaba a chatear en su nuevo Facebook con todas sus amigas reencontradas de la vida y les contaba, una por una, las miserias de mi pésimo desempeño como esposa, ama de casa, madre e incluso como amante. No, yo ya no se la chupaba y hacía rato que no me dejaba coger.
Salía a pasear a los perros dándome el tiempo necesario para leer las conversaciones sin caer en estrategias de espía secreto, dejaba todo sin bloquear. Sentía las llaves, salía del bunker, él volvía a entrar y de nuevo a sacarse los mocos.
A mí me tocaba dormir en el piso, en el colchón inflable que se desinflaba durante la noche mientras se me inflaban las angustias. Pero no lloraba, había dejado de llorar. Recuerdo que alguna vez, varias veces y varias personas distintas, me habían pedido que llorara menos. Cuándo te vas a secar, Mimita? Y yo, que creía que jamás, ya no conseguía llorar. Es que las amenazas eran claras. Frente a cualquier signo de debilidad, la grieta que dejase descubrir sería utilizada para entrar. Yo sentía la adrenalina. Me iba a acostar y sentía el latir de mi corazón contra la cama. El pecho era una caja en la que yo escondía todo lo que me hace ser yo. No lloraba por miedo pero también sabía que no llorar era reservarme mis cosas, él ya no se las merecía.

No lloré tampoco cuando me dijo las cosas que me dijo.
Las ventanas estaban abiertas, las puertas de su bunker también. Él buscaba la cámara de fotos que mi viejo me había traído de Estados Unidos para sacarle fotos a todo lo que quería vender. Porque lo que no era de él, lo que no tenía lugar en su bunker, lo que no fuese basura que él quisiera descartar, eso se podía vender. Y la cámara no aparecía, porque era mía y entonces me la había llevado a mi refugio, a mi pequeña caja fuerte junto con los dni y las partidas de nacimiento. Tenía muchísimo miedo de no saber quiénes éramos, de olvidarme mi edad, de comenzar a dudar del lazo que me vinculaba con mis propias hijas así que había guardado en un doble techo del placard lo único que de verdad importaba de todo lo que teníamos, mi identidad y mi maternidad. Y ahí, también, la cámara de fotos porque con mi cámara no quería que siguiera sacándole fotos a las cosas. Y como la cámara no aparecía él gritaba. Las ventanas abiertas y él relatando entre dientes, con la voz quebrada de tanta agresividad, su plan para hacerme mierda. Si total yo era débil, yo sola me iba a hundir. No vas a resistir y te vas a volver loca. Y las puertas del bunker abiertas, él moviendo las manos entre gestos que con su metro noventa parecían una rapeada de terror. De fondo la cama, los muebles, la tele, los zombies, la pila de basuras, un espacio muerto en la casa que era un campo minado, la ventana enrejada, algún vecino escuchando mina de mierda, inútil, para nada servís, ni tus hijas te quieren. Y yo, con el pecho guardando emociones, las identidades escondidas en el placard, grabando con el teléfono los gritos, grabando con la cabeza las imágenes, grabando en el cuerpo el rechazo, el estómago revuelto. La luz del 5 de febrero sobre las mesadas, sobre el bunker. Todo registrado.
En el living suena Shearwater, una tira de luces suaves enmarca el poster de Let it Be. Las plantas, la mesa ratona. Tenemos los pies sobre el sillón. Andrea abraza a Martina y le acaricia el cuello. Yo abrazo a un almohadón y las tres pensamos en que comimos demasiado y quizás tomamos de más. Es el espacio más lindo de la casa, Mimo. Sí, lo es. Con los ojos abiertos veo los libros, la luz, la música, la lata de aguarrás, cajones de verdura, carteles inservibles. La basura que fui juntando de la calle con la que tapé la basura vacía de bunker que grabé en mi mente.
Las chicas se llaman un taxi y vuelven a su casa y yo esta noche, mejor, duermo en piso.

25 octubre 2015

Voy caminando por un pasillo lleno de puertas cerradas. Las puertas no son todas iguales. Las hay prolijas, rotas, rojas, negras, blindadas, de madera, de metal, transparentes, abandonadas... 
Llevo meses, años, caminando por este corredor quién sabe hacia dónde. Por momentos sospecho que pueda ser circular, otras veces creo que es sólo un sueño.
Por debajo de una de las puertas, una puerta pintarrajeada y llena de grafitis inconclusos, que tiene stickers a medio arrancar y algunos golpes, se filtra humo. Sale olor a quemado. Algo ahí adentro está ardiendo pero el aroma es tentador, la madera que se quema parece ser buena.
Me freno atraída por ese humo denso y levemente tóxico y llevo la mano al picaporte. Quema y retiro la mano violentamente. Me sorprende conservar algún tipo de sensibilidad frente al dolor. Insisto pero vuelvo a quemarme y veo cómo se forman ampollas sobre las yemas de mis dedos y la palma de mi mano. Doy dos pasos hacia atrás, tomo impulso y pego una patada directo al centro de la puerta. Ofrece resistencia pero se destraba la cerradura. El incendio es infernal. Las llamas tocan el techo y, exceptuando éstas, todo es negrura y oscuridad.
Yo me desnudo por completo y me suelto el pelo parada aún en el pasillo, sonrío y me decido a entrar.

20 octubre 2015

fijate bien
y con la yema de tu dedo índice
apenas rozándome la piel
ahí
una, dos, tres mil
mis cicatrices...


tengo

miedo
de
la
ye
ma
de 
tu
de
d
o

y pensar en tu mano acercando el dedo acercándose a mi piel

me duele
me hace doler las cicatrices
fijate bien

y entrecerrando las pestañas
apenas comenzando a soñarme
ahí

uno y dos y mil
mis miedos


y tengo miedo de acercame
nomás
al pensamiento

pensar en tu mano acercándose
y la yema
de tu dedo
rozando cicatrices...


pero se acerca
tu mano
y a mi piel se le acerca
la yema
de tu dedo
y casi soñándote veo
tu cicatriz

10 octubre 2015

Jorge y Dorita

Se mueren con 4 meses de diferencia porque después de 70 años juntos uno sin el otro ya no sabe ser, y nosotros nos repartimos las cosas. Cada uno se queda con el recuerdo que se quiera quedar.
Entonces me llegan adentro de una caja los frascos de acrílico con tapa naranja; unos que yo misma hace unos días pedí permiso para quedarme. Los frascos donde ellos guardaban la yerba, el azúcar, las express y el nesquick.
De los miles de recuerdos que hay para elegir -vacaciones donde siempre alguno se volvía a Buenos Aires después de pelear y ser echado, ausencias, la rudeza o la distancia, escalopes con puré sentados abajo de los pinos, las pistas de scalextric de la juguetería de la calle Segurola, aceite johnson para broncearse mejor, pulseras haciendo ruido mientras la abuela nos peina con cuidado sin tironear los nudos de arena y sol, el garage con olor a aceite volcado sobre el piso de cemento, el abuelo roncando adentro de la carpa, el cuento de Juancito, ellos besándose cada vez que pueden, piñas contra las puertas en año nuevo, muchas fotos arriba de la cómoda a los pies de la cama grande, los helados en Leblón, el pino frente a la casa de la 305 lleno de luces, la biblioteca, el altillo, los eucaliptos de plaza Devoto, bombones, ir en el baúl a almorzar a la Jirafa, viajar en avión, rechazar las llamadas, atender los reproches, escucharlos enojados, escucharlos olvidarse del enojo, entenderlos un poco, no entenderlos nada, sentirlos extraños, saberme parte suya, no saber más nada... Yo elijo los frascos de tapa naranja.
Uno llega con yerba y podría apostar que el abuelo no tomó ni un mate más sin la abuela, del 4 junio hasta hoy, porque desde los 14 años él se levantaba un rato antes para hacerle el desayuno y juntos tomarlo en la cama.
Y adentro de los frascos que vienen vacíos guardo eso que yo sé que quiero guardar para encontrármelos de vez en cuando con el mate, cuando escuche un tango, cuando me hagan ruido las pulseras, cuando sea que vuelva a ver el mar...

26 septiembre 2015

A veces hago esto: le pongo tu nombre a las cosas. Así mi gato, la mesa, mi computadora o la heladera se llaman como vos. Yo los llamo como a vos. 
Entonces, converso. Les pregunto "qué tal va todo?" o "qué estás leyendo estos días?". 
Es mi manera de combatir tanta ausencia; mi desesperado intento por no extrañarte. 
Luego les consulto "cuándo venís? Cuándo nos vemos?".
Malditos, nunca me responden.

17 septiembre 2015

bestiamiga

primero,
como a casi todo,
le tenés miedo;
uno de esos miedos inexplicables 
infantiles y gigantes
y huís
despavorida
evitás
quedar cara a cara con ella
intentás
llenar el tiempo
vaciar el tiempo
matar el tiempo

quemarlo.

más tarde
te resulta
menos fatal y
un poco más indiferente

va haciéndose mansita
la bestia, calma
se aplaca el temor
ya no hace tanta falta
pensar en cuándo
ni en cuánto
o cómo pasará
el tiempo
tic
tac
tic
tac
tic simplemente, tac
transcurre

vos despertás
abrís un ojo, el otro, 
la boca y el bostezo
también los brazos
-me desperezo-
y te estirás
como se estira el tiempo
sin preguntarte tanto
cuándo cuánto cómo
tanteas la almohada y girás
para el otro lado
o para el otro... y seguís.

Un día;

probablemente sea la noche
de un día
larguísimo y agotador
cansada
te sientes a comer alguna porción fría
tomando agua directo desde el pico
secándote la boca con la mano
con los pies sobre una silla
-me desperezo-
y el tiempo haya pasado
pesado
pisado
haya pasado mucho 
lleno de cosas
arremolinando los meses
volándote algún que otro plan
y los miedos, fundamentalmente, 
y se haya hecho, no sólo mansa
ni simplemente calma
y acá te veas, irreconocible
agradecida de habernos conocido
nueva mejor amiga
la soledad.

16 septiembre 2015

pedaleando

Como no podés ir revisando facebook, pensás. Es que en bicicleta no tenés alternativa. No podés leer, ni revisar instagram. No vas durmiendo, vas pedaleando. El viento contra la cara te mantiene despabilado, alerta. Entonces vas pensando. Si yo tuviese la chance, aprovecharía para ir mentalmente haciendo la lista del super pero no tengo escapatoria. En bicicleta voy pensando en todo lo que trato de olvidar cuando abuso de las redes sociales o lo que se desdibuja bastante mientras duermo. Sobre la bici la realidad me pasa finito y a las chapas y voy sola e impulsada por mi misma. Y pienso. No hay un ida y vuelta, es todo retórico. Me regresan las preguntas, como un eco, haciéndose respuesta. Pienso, cuando freno en la esquina de casa: lo más peligroso de andar en bicicleta no es el bondi amenazante cerrándote el paso; lo peligroso de la bici es encarar lo que pensás.

09 septiembre 2015

Off

Lo llamo porque siendo las tres de la mañana yo ya estoy dada vuelta. Venimos tomando vino desde antes de cenar y a esta hora la sobremesa es un diálogo traído de los pelos. Algunos empiezan a desaparecer y pienso que volver a casa sola no quiero. Llamo y corto, ese es nuestro código. Él ya sabe que llamo para coger. Entonces me manda un mensaje chicloso, corto pero cargado de calentura: solita?
Leo y me causa cierto rechazo. Porque no me encanta, casi diría que no lo banco, pero coger nos sale bien y solita hoy me siento débil. Mejor mal acompañada, creo.
Le digo que ya salgo para allá, que nos encontramos en la puerta y todo ok. Nos vemos en 20 minutos. Sube el calor una vez puesto el timer. Agarro mis cosas, pido un taxi. Vamos a empezar a manosearnos en el pasillo, seguro. Subo al taxi, faltan 10 minutos. Tengo puesto un vestido, probablemente ni me lo saque. Casi llego, le aviso. Faltan dos minutos. Ya estoy caliente.
Bajo del taxi y ahí está parado. Tiene cara de haber tomado más que yo.

Cogemos contra la mesada. Me tiene agarrada de las tetas y me la está dando tan fuerte que me golpea la cadera contra el mármol; mañana voy a tener moretones por todos lados. Jadeo como el perro cuando viaja en auto; me chupa un huevo la ventana abierta y los vecinos que nos puedan oír. Me chupa el cuello. Está callado o quizás, simplemente, no lo escucho porque no le presto demasiada atención. Estoy caliente y respiro por la boca, hago ruido. También le digo que sí, sí, así y que dale, voy a acabar. Voy a acabar. Vivo esa inmensa sensación llegando y de a poco me entrego. Ah, sí, más adentro. Empiezo a pensar en vos, creí haberte olvidado. Veo tus rulos. Pienso en la risa ronca y gruesa. Voy a acabar, dale, dale, le repito. Respiro con toda la boca abierta, desencajada. Me sigue cogiendo tan a lo bestia que ahora me tiene del pelo, mi mejilla toca la mesada fría; una mano suya sobre el cuello me retiene ahí. Parece una toma de algún tipo de lucha pero no, esto es coger. Viene subiéndome por las piernas el cosquilleo del orgasmo y cierro los ojos. Más adentro, los recuerdos. Los lentes que, mientras todos charlaban de cine, yo usaba de excusa para mirarte a los ojos después de muchos meses de timidez. Ah, sí, dale. Insisto. Sigo pensando en vos, aunque creí haberte olvidado.  El color de short que tenías la tarde que viniste a hablarme de tu ex, la facultad, el auto. El olor a desodorante recién puesto cuando entrabas a la mañana en casa. Me acuerdo del frío que hacía la última vez que te vi y vos en pijama en la vereda, descalza, llorabas. Estoy llorando y también acabando. Lanzo un aullido gutural. Tengo puesto en silencio el volumen del tipo que se me acuesta sobre la espalda y en mi mente todo tiene el sonido de tu voz.

12 agosto 2015

Orgía

*
Personas. Vínculos.
Gente como paliativo.
Tocar cuerpos y dejarse tocar. Sudar, fluir, gemir. Como pastillas, gente en dosis exuberantes para combatir los dolores. Gente que no me deje pensar, para no pensarte. Gente que no me deje dormir, para no soñarte.
Para no nombrarte, gente con la que conversar sobre modas, religión, política. Para no sentir, personas que enfríen el ambiente, así se me refresca el corazón.
Gente como sustituto, como muleta. Gente para no renguearte así.
Mirar bocas que dicen cosas que no importan demasiado mientras imagino las palabras que le pondría a la tuya.
Gente. Personas.
Sin nombres. Sin caras. Sin piel. Sin colores definidos. Sólo gente. Gente sola. Sola yo.

**

Salgo, pegajosa, desde adentro de un sueño que al mismo tiempo que intento recordar voy olvidando. Tomo conciencia de una espantosa resaca y procuro no abrir los ojos. Un cuerpo extraño se entrelaza al mío. Hay un brazo bajo mi cuello y una pierna me toca un pie.
Con los ojos cerrados creo desear que sólo sean partes sueltas. Sospecho se me antojan pedazos de un maniquí, un maniquí caliente.
Ojalá pero no. Persona. Ser viviente y sábanas.
El vaho me empaña la mirada pero, acá estoy. Es mi casa o la del cuerpo? Es la mía. Es mi jean o es el del cuerpo? Éste, es mío. Es lunes? Es domingo? No, es viernes. Hoy trabaja el cuerpo? Yo trabajo. Cómo hacer para salir de acá?
El vaho, en realidad, me nubla las ideas. Es la persona, paliativo, sólo un aplazo más. Es un día menos para ocuparme de guardar cada cosa en su lugar. Fue una noche menos llena de horas para pensar o sentir. Fuimos simples e instintivos cuerpos y, ahora, este cuerpito se quiere ir.
En cambio, el cuerpo ajeno se viste y desaparece dejándome a solas con mi dolor de cabeza y un par de moretones vaya uno a saber de qué.

26 julio 2015

Simulador

Viajo en un simulador.
Simulo calma y paz. Simulo comunes días, momentos corrientes. Simulo ser otra.
Finjo un poco. Miento a veces. Otras, simplemente actúo.
Soy un poco más inteligente, soy más interesante. Soy mejor. Simulo seguridad, autocrítica y mejor estima propia.
Camino por la calle de siempre simulando no oír nada; simulando no mirar para tu lado.
Salgo y simulo divertirme. Todos simulan ser vos.
Mientras nos mentimos un poco más, imagino tu cara. Los ojos, tuyos, mirándome a mi.
En medio del simulacro, te pienso tanto que pierdo el control y el vuelo parece estar por estrellarse contra la realidad. El simulador entra en un pozo de recuerdos y todo se sacude en mi interior. Hay sonrisas tuyas en diversas oportunidades que tenía escondidas, hay tonos de voz que suenan como truenos y la tormenta simulada se hace cada vez más tangible. Parece todo cada vez más real.
Simulo lágrimas pero casi puedo tocarlas. Me acaricio una mejilla y veo, al mismo tiempo, en 3D tu piel y el pelo de una de las últimas veces que conversamos así de cerca como hoy simulo verte.
La banda de sonido de la nave me repite que bang bang y la tarareo confundida.
Simulacro fallando lentamente, alerta, alerta. Las lágrimas mojan mi cuaderno. Estoy saliendo del estado de ensueño, nos vamos a estrellar. Tengo miedo. Otra vez yo, tan real, y vos, tan inalcanzable. Soñada.
Crash.

13 julio 2015

detalles

estoy hecha
hoy
de hojitas secas y ramas
acumuladas por el
viento
sobre un escalón de 
cualquier vereda sucia y rota
de Buenos Aires


estoy hecha 
pelota
papelitos arrugados, con frases inservibles
un te amo, después te veo
un número
plata o teléfono o clave o dirección
un número (no me gustan los números)

hecha pelota
acurrucada sobre las hojas secas
sobre el escalón
sobre la vereda
sucia y rota
de Buenos Aires

estoy nublada
trastornada
triste
frágil
arrugada
rota
como Buenos Aires, hoy

08 julio 2015

Enredo

no es que tenga relevancia
si me importa o no me importa
que tu ventana esté o no abierta
y si eso signifique que vos
quizás
estés ahí dentro
esperándome o no, indistinto
si vaya a haber o no una luz
un velador prendido, tenue
cuando la tarde anochezca indefectible...

no, probablemente no interese
si me importa o deja de importarme
y si acaso llegase a interesarte
que me preocupen
la luz, la ventana
su exacto ángulo de apertura
los watts que alumbren
tenues
será trivial, despojado de alguna trascendencia...

porque no puede interesarte
lo que a mi me importe
o viceversa
en este estado absurdo de inconexa
latente, moribunda, absoluta
dislexia emocional que nos aqueja


 

30 junio 2015

Reptil

Esa necesidad de apoyar todo lo mío sobre un otro.
Mis ideas, sobre tus realidades. Mis tetas, sobre tu espalda. Mis manos, sobre las tuyas. Mi hogar, sobre tus pantalones. Mi inseguridad sobre tus certezas. Mi fracaso sobre tus no rotundos.
Mi nuevo rumbo se apoya sobre tu puerta y sale volando cuando vos me dejás parada, muerta de frío, ahí.
Vuelo. Vuelo-vuelo-vuelo y volé aunque era de noche y no tan tarde. 

Despisto. Lleno mi vida de puntos de apoyo para poder avanzar y, siempre que un punto flaquea, vuelvo a vos.
Pero vos no estás, la puerta sigue cerrada y aunque me saludes, sonrías y todo aparente estar -de a poco- volviendo a la normalidad, no estás.
Mi nuevo rumbo es desconocido. Se impulsa en tu puerta, en una esquina, en un no firme y absoluto, pero es tan incierto el lugar hacia dónde me va a llevar que me hace un nudo en la cabeza y un moño en el estómago.
Mis pies sobre tus piernas. Mi libro sobre tu mesa de luz. Mis labios sobre tu frente.

Y yo queriendo aprender a pararme, finalmente, en dos patas. 

21 junio 2015

Platónico

Tu barba, la risotada burlona. El color de tus ojos. La manera de decir "fenómeno".
Tus manos y todas sus particularidades.

Un libro. Arena adentro de las zapatillas. El último abrazo y el frío de los pies en ese preciso instante. La escalera a oscuras. Nuestro miedo. El beso que no me diste, ese beso que no reclamé.
Doce años buscando entre sueños finales distintos para un único final.
Un hombre clavado como una espina. Un nombre que no se repetirá jamás. Una mujer que yo ya no quiero y todo lo que te importa tres carajos porque no tenemos arreglo.

17 junio 2015

Esquina

Estuve pensando que "esquina" es una palabra hermosa.

Además, para nombrar a una esquina tenés que decir dos calles, como dos personas, que se juntan... como vos y yo abrazándonos.
Decís "la esquina de" y es como recortar ese momento en el que dos que se quieren -ponele que podamos ser vos y yo- se encuentran y se saludan con cariño.

- Hola, Yatay!

- Hola, Lezica!

Y nos abrazamos.


Te veo ahí, en media hora, en la esquina de nuestro abrazo.

¡qué linda palabra es esquina!